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A través de Alejandra Iriarte saludamos a todos los maestros en su día

11-09-2018 00:06 | 

Un año más saludamos en esta fecha a todas las personas que ejercen la docencia, especialmente a quienes desempeñan la tarea en nuestro pueblo. Y como en cada 11 de septiembre, lo hacemos a través de una nota con alguien que cuente en su haber con una amplia trayectoria al frente de un aula, se encuentre o no en actividad. En esta oportunidad, la protagonista es María Alejandra Iriarte, quien da clases en el establecimiento educativo de Bersee. Compartimos la charla que mantuvo Hendersonline con la maestra de la Escuela n.° 12 “Santiago de Liniers”

 

 

 

 

 

 

 

 

La entrevistada por el Día del Maestro 2018 estudió Magisterio en el Colegio Santa Teresita, donde hizo todo el profesorado para primero y segundo ciclo. Cuenta que cuando terminó esos estudios no comenzó a trabajar enseguida, porque, primero, se dedicó a cuidar a su hija más grande, Maia, y, después, se entusiasmó con estudiar la carrera de educación especial, de la cual también se recibió.

Enseguida que empezó a trabajar en la Escuela Primaria N.° 3, donde debutó al frente de un aula y en la que dio clases en varios grados, se le presentó la oportunidad de ir a un establecimiento rural.
“Era Los Tambos, que ahora ya no está, porque me tocó cerrarla a mí a esa escuela. Estaba entre María Lucila y Herrera Vegas”, dice Alejandra. Y amplía: “Estaba en un acto público de designación de cargos y salió la escuela de Los Tambos. No me animaba a tomarla porque no sabía dónde quedaba y no tenía movilidad. Entonces, Claudia Silva, que estaba en ese acto junto con Marisel Medina, me decía: ‘Dale, agarralo que nosotros te llevamos de pasada’. Porque en ese momento, Claudia estaba en Moncani, que era la última escuelita rural que quedaba, y Marisel estaba en Herrera Vegas. Y bueno, acepté. Me dejaban a mí a la pasada, ellas seguían, y a la vuelta me pasaban a buscar. Entonces trabajaba en la mañana en la Escuela 3 y a la tarde en el campo. Así, con doble cargo, estuve tres años. Hasta que esa escuela se cerró porque era un contrato que tenía la estancia con el ministerio. Después no se renovó el contrato y me tocó cerrar la escuela a mí”.

Luego de su paso por Moncani siguió con doble cargo: “Estaba en la Escuela 3 y empecé en la Escuela 2, donde trabajé en primer grado, que me encanta, los chiquitos son los que más me gustan. Me gustaba trabajar en las dos escuelas por igual”.

Después titularizó en el establecimiento ubicado en diagonal Hipólito Yrigoyen, y se le presentó una oportunidad para volver al ámbito rural. Aquí, otra vez, incidió su amiga, compañera de Magisterio y colega Claudia Silva. También Verónica Carreras, compañera de jardín. “En ese momento estaba trabajando en la  Escuela 2, y a la mañana estaba como asistente terapéutica en el jardín; entonces compartía toda la mañana con Vero. Y parecía que se habían puesto de acuerdo Vero y Claudia insistiéndome para que rindiera para la dirección; salían los cursos de directivos”, relata la maestra. Añade al respecto: “Entonces me puse a estudiar, estudiábamos juntas con Claudia. Salgo bien en la prueba de selección y cuando se ofrecen los cargos me ofrecen de ir a trabajar a Bersee. Así que ese año tuve que dejar la Escuela 2, me desplacé para la Escuela 12, donde estoy actualmente. Entonces, en la mañana estaba en el jardín con la atención terapéutica y a la tarde me iba para el campo”.

En el establecimiento rural que aún hoy continúa fue variando la cantidad de alumnos: “Cuando comencé tenía siete chicos, de todos los grados. La matrícula en el campo es muy variable: de repente tenés siete, de repente tenés cinco, llegué a tener dos, al borde de que la escuela se cierre; pero, por suerte, eso siempre va remontando”.

En la actualidad tiene nueve alumnos, de todos los grados, excepto en sexto: tres en primero, uno en segundo, dos en tercero, uno en cuarto y dos en quinto.

La maestra mamá

Consultada acerca de si alguna vez fue maestra de sus hijas, Alejandra responde: “Sí, de Laurita, en tercer grado en la Escuela 2”. ¿Y cómo fue esa experiencia? “La experiencia fue hermosa porque era un grupo muy lindo. Era muy cómico, porque Laurita se sentía una más, y yo la  hacía sentir una más; tratábamos de no hacer diferencias. Entonces, por ejemplo, un día tenían que contar a dónde se habían ido de vacaciones. Ella me empieza a contar y uno de los compañeros le dice: ‘Ay, Laurita, qué viva, si tu mamá ya sabe, para qué lo contás’ (risas). Pero relindo, porque el grupo ayudaba un montón. La verdad que una experiencia relinda.


Cambios en la educación y en la relación alumno - docente

Con respecto a cambios que ha notado en la educación desde sus comienzos como maestra, la “Piojo”  no duda en responder: “Muchísimos. Hemos pasado por cualquier cantidad de cambios. Algunos para bien, otros no tanto. En cuanto a lo pedagógico, en cuanto a lo que estamos reclamando ahora: salarios, estructura; de todo, todo tipo de cambios. En lo que es pedagógico, por ejemplo, a mí me encanta cómo se trabaja en el área de prácticas del lenguaje, las matemáticas, la ciencia; en ese sentido estoy muy de acuerdo con el sistema nuevo, si se implementa bien. En una escuela grande, si todos trabajan de la misma manera; porque si en primer ciclo se trabaja de una forma y en segundo se trabaja de otra, ahí se produce un desfasaje que no está bueno”.

En el caso del campo, “la experiencia es distinta porque tenés todos los grados. Yo ahora tengo de primero a quinto y trabajás todos igual, y está bueno. Como soy la única maestra le voy a dar continuidad al proceso de aprendizaje para todos igual, con el mismo método. En eso creo que ha cambiado para bien”.


-¿Y cambios en cuanto a la relación alumno - docente?

-Yo siempre tuve muy buena relación con los chicos. El alumno te va a querer y te va a respetar según cómo lo trates vos a él. Si le brindás cariño, si le demostrás que él vale, que valorás todo lo que hace, él te va a devolver lo mismo, exactamente lo mismo. Hasta los chicos más rebeldes, cuando vos les demostrás un poquito de cariño, ya cambian, son otras personas. Eso se construye todos los días, brindándoles amor, cariño, escuchándolos, teniéndoles paciencia; haciéndoles de mamá, de abuela, de tía.

De lo expresado en las líneas precedentes pueden dar fe sus alumnos de la Escuela "Santiago de Liniers", ya que ellos decidieron con su voto que Alejandra fuera una de las docentes distinguidas por Jefatura Distrital en el acto oficial por el Día del Maestro llevado a cabo el lunes 10 en la Escuela Especial n.° 501 "Pinceles de ternura".


-¿Cómo ves a la educación en general?

-La verdad es que está bastante complicada la cosa. Yo creo que tiene que ver mucho que no sólo está complicada la educación, sino que la sociedad está muy complicada. Porque, por ahí acá no lo vemos tanto, pero en la escuela tenemos que atender otras necesidades antes de atender educación. Tenemos que estar atentos a que vayan bien alimentados; a que no hayan sufrido violencia en ningún ámbito, no solamente en la casa, sino en la calle. La sociedad está muy complicada, y eso, en el primer lugar que se nota es en la escuela. En la escuela notamos todo los maestros. Y, aparte, los chicos vienen y te cuentan. Me pasa en el campo, que es una comunidad chiquita. En ese sentido lo veo medio complicado. Después, el tema de los salarios de los docentes, que por ahí los maestros nos quejamos. Hay padres que te entienden, otros que no. Por ahí no entienden que uno no está reclamando sólo por el salario sino que también está reclamando por las escuelas, para que sigan siendo de calidad, que sea una educación digna, que los chicos estén en un lugar donde no tengamos que lamentar víctimas de ninguna clase, como pasó ahora en esta escuela de Moreno, donde fallecieron una maestra y un auxiliar. Me parece que eso está un poco complicado, hay que ponerse más las pilas para que las escuelas funcionen como realmente tienen que funcionar. Todos tenemos que funcionar igual: los padres ayudando, la escuela, los maestros, los chicos también; para que ellos estén bien y seguros, y que estemos todos bien y seguros.


Su primera maestra y sus colegas

Luego se le preguntó a Alejandra por alguna maestra que recuerde con cariño de su etapa como alumna. No vaciló en contestar: “Juanita Tamborenea. La tuve en la Escuela 1 desde primero a tercer grado. Muy buena maestra, divina”.


-¿Y en tu etapa como educadora, alguna colega?


-Uy, tengo un montón. Las que ya te nombré anteriormente: Claudia Silva y Marisel Medina. Claudia Rojas; Dianita Hernández, cuando estaba en El Moro, que nos juntábamos para hacer campamento, para montones de cosas; si nos habremos matado de risa… Belén Montenegro, que se jubiló hace poquito; Claudia Arriarán; Cristina Galván; Marcela Berlatto; Alejandra Leguizamón. Un montón, no quiero quedar mal con ninguna. Cuando uno pasa por tantas instituciones es infinita la cantidad de docentes que tiene para nombrar. Y con todas he tenido una buena relación.

Una maestra cuidada

María Alejandra Iriarte afirma que la gente de la estancia Bersee le pone mucha pila para que pueda llegar a dar clases cuando el camino de tierra está muy feo y a ella se le complica ir en su vehículo particular. “Me cuidan bastante; colaboran un montón para que no se me rompa el auto, porque hay veces en que no se puede pasar. En eso me siento bastante privilegiada, porque le ponen toda la onda para que yo pueda llegar allá; me vienen a buscar, me llevan y me traen”, asegura al respecto.


Anécdotas

En el final de la nota invitamos a Alejandra a contar algún recuerdo pintoresco de su amplia trayectoria como maestra. Acepta el convite y compartimos los relatos.


Anécdota 1

“Estaban todos los caminos inundados para ir a la escuela, ya no sabíamos por dónde pasar. Una vez, uno de los papás, con tal de que yo fuera al campo a dar clases y pudiera llegar, abrió camino por adentro de un cuadro. Pero había pasado un tractor, nada más, y después, la segunda que pasaba era yo. Entonces voy yo, tenía un Duna rojo en ese tiempo, y cuando tenía que pasar de una tranquera a la otra me bajaba del auto y pisaba el camino para ver si no me iba a encajar. Pero se ve que una vez no pisé muy bien y una de las ruedas del Duna fue a parar adentro de una cueva de peludo y ahí nomás quedé... (risas)".


Anécdota 2

"Otra anécdota que tengo del camino es de encajarme porque no tenía ni idea por dónde tenía que pasar, porque yo no soy gente de campo. Me acuerdo que una de mis primeras experiencias fue encarar un charco al medio... Entonces llamé a la estancia para que me vinieran a buscar. Y pobre Jorge Varela, que lo adoro a ese hombre, porque es como si fuera el portero de la escuela. De paso aprovecho ahora para agradecerle todo lo que ha hecho por la escuela. Entonces llamo por teléfono: 'Jorge, me encajé, ¿me venís a buscar?. Bueno, entonces Jorge dejaba lo que estaba haciendo y me venía a buscar. Y me lo hizo a propósito ese día: se puso de adelante, con la camioneta, y me llenó todo el auto de barro, desde una punta a la otra. Yo no entendí que era un chiste. Después me dijo: 'Ale, ¿por dónde tenés que encarar el charco la próxima vez: por el medio o por la huella? Así que aprendí que se encara por la huella... (risas)".

Agradecimiento

Por último, al finalizar la narración de las dos anécdotas, la maestra amplió el agradecimiento hacia Jorge Varela:  "Porque él es un empleado de Bersee cuyos hijos hicieron la escuela ahí, pero ahora no tiene nada en la escuela, no tiene hijos, no tiene nietos; pero, igual, todas las mañanas me prende las estufas a leña. Porque en Bersee tenemos esa particularidad: es una de las pocas escuelas rurales que no tienen gas natural; por una cuestión de que la estancia no quiere. Entonces Jorge me prende las dos estufas. Obviamente, los papás también; pero todos, no solo yo, todos le agradecemos a Jorge, porque colabora muchísimo; prende las estufas, le va a agregando leña para que cuando nosotros lleguemos estemos calentitos".

Teniendo en cuenta los conceptos elogiosos vertidos para con él, no quedan dudas de que Alejandra considera a Jorge Varela un buen vecino. La misma consideración con la que seguramente la comunidad recuerda al padre de ella, Daniel "Dulce" Iriarte, quien fue elegido, precisamente, Buen Vecino en la edición 2017 de esta distinción que se otorga en nuestro pueblo.

 

+ A la edad de 84 años falleció Pedro Alberto Bosio. Velatorio: sala 1. Sepelio: viernes 21 de septiembre de 2018. Q.E.P.D.

 

HCD: Audiencia pública por la regulación del precio de la tarifa de cloacas. A partir de las 20 horas del viernes 21 de septiembre.

 

Olimpíadas Estudiantiles 2018. A las 20 horas del viernes 21 de septiembre, en el Complejo Polideportivo Municipal 'Osvaldito Arpigiani' comenzará la Velada Cultural, y al cabo de la misma se sabrá qué equipo es el ganador.

 
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