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Crónicas paisanas: ‘El último gaucho de Estación Lavalle’

16-02-2019 12:33 | 

Después de un par de meses, Tadeo Cruz nos envió una nueva entrega de esas historias que ocurren en la llanura centro-oeste bonaerense y que él tan bien describe. En esta oportunidad, al igual que en la última vez, no lo hizo en prosa sino en décimas. Pero, como dijimos entonces, más allá de las diferencias en la modalidad de escritura, la temática es la misma: los paisanos del pago y sus quehaceres. Compartimos las rimas a continuación

 

 

 

 

 

 

 

El último  gaucho de Estación Lavalle.

 

Tras el antiguo camino

con unos negros barriales

 y pesados arenales,

una tuna y sus espinos,

como marca del destino

de criollos de esta tierra,

que de pampa los destierra,

parece brava bandera

y abrojada crinera,

de tradición que aferra.

 
 

Viejo y criollo puntal

de la Estación Lavalle

a orillas de la calle.

Ya no corre ese ramal

que le daba vida social

a esa zona con el tren.

Quien sabe los rieles estén

en algunas construcciones,

apilados en galpones

o gastados en almacén.

 

 

Estación abandonada

que a un gaucho guareció

y querencia le ofreció.

En esta tierra dejada,

pizca, ya olvidada

de la llanura colosal

donde no queda un bagual,

en las playas de los galpones

hay potros de a montones.

Porque ahí está Juan Tal.

 

 

Venido de tiempos idos

está en medio del sojal

que cubre toda la visual.

Con el cuero bien curtido,

resistiendo el soplido

que arrasa los rituales

agarrado a sus baguales.

En la vía la yeguada,

en la calle la potrada

Y en el cinto los puñales.

 

 

Tras una sombra e’ toro

una puerta a la calle

para que la casa halle.

El aullido como lloro

de perrada que a coro

lo va a salir a recibir.

El paisano, ya va a venir,

que con tanta bagualada

no hay hora e’ llegada

ni tiempo para aburrir.

 

 

Es muy difícil plantar

algún melón o zapallos,

sólo gallinas, caballos.

A veces hay que changar,

por ahí, vacas encerrar.

Campos vecinos atender

y hasta andar de chofer

hacia pueblos de la zona

cuando viene la patrona,

y también el parque hacer.

 

 

Bien gaucho en todo sentir.

Ya de muy chico su padre

al más sotreta que cuadre

lo sabía hacer subir,

y que tenía que salir

jinete bueno decía

por parientes que tenía.

Y así se fue haciendo,

a golpes aprendiendo

y también hechó sus crías.

 

 

Del camino a un lado

donde estaba la vìa

que el terraplén tenía,

hay un padrillo alazán

que con su yeguada verán.

En frente, en el potrero

de la casa del puestero,

hace mucho olvidada,

encuentra otra manada.

Un tordo, igual polero.

 

 

En una calle perdida

hay otra distinta yeguada,

esa, pa’ jineteada.

Tostao crina blandida

en resoplos esparcida,

trotes de cola alzada,

el padrillo, la potrada.

Salen chuzos reasabiados,

dejan huellas como arados

al salir en la topada.


 

En el camino acaso

en invierno complicado,

con el chicote trenzado

y la potrada del picazo,

cuidada ante el paso

de camiones por la calle,

de mosquitos de gran talle,

podrá ver al paisano.

Útimo gaucho llano,

de Estación Lavalle.

 

 

 

 

 

 

 

+ A la edad de 90 años falleció Lilia Rossi. No se realiza velatorio. Sepelio: jueves 3 de septiembre a las 10.30 horas. Q.E.P.D.

 
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