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A través de Aurelia saludamos a enfermeras y enfermeros en su día

21-11-2019 08:39 | 

El 21 de noviembre se celebra en Argentina el Día de la Enfermera. Con motivo de ello, cada año Hendersonline saluda a todas las personas que ejercen esta profesión, en especial a quienes se desempeñan en nuestro pueblo. Y lo hace a través de un diálogo con una de ellas. En esta oportunidad se trata de Aurelia Alvarez, quien, después de jubilarse tras más de veinte años de actividad en el hospital municipal Saverio Galvagni, actualmente continúa dedicada a su vocación en la Asociación Jubilados y Pensionados Hipólito Yrigoyen

 

 

 

 

 

Aurelia Alvarez comenzó a transitar el camino vinculado con la salud de los enfermos en los albores de la década del 70. Fue en el hospital zonal Juan Carlos Aramburu, en Pehuajó. Primero, como enfermera, y luego, tras realizar el curso habilitante en el mismo nosocomio y rendir el examen en La Plata, como enfermera.

En 1980 llegó a Henderson y al poco tiempo empezó a trabajar en el hospital Saverio Galvagni. “Fui, llevé el certificado y me hicieron ir enseguida, porque no había gente”, cuenta acerca de sus inicios en el centro de salud con entrada principal por calle Urquiza. Agrega que encontró “un hospital distinto al de Pehuajó, completamente; muy atrasado. No había aparatología, no recuerdo si había aparato de rayos; no había nada. Ni siquiera las historias clínicas, eran unos papeles que llevaban y anotaban ahí, después no sé a qué archivo irían. Entonces empecé a hablar con el doctor Saverio Galvagni. Me preguntaba, entonces yo le explicaba, y fui a Pehuajó y le traje historias clínicas; les pedí a las chicas allá y me dieron muestras sin usar. Les traje y ellos empezaron a hacer eso acá”.

Además “no teníamos médico de guardia. Estaban de guardia pero dormían en la casa. Si pasaba algo había que llamarlos y hacerlos levantar”.


Eran los tiempos del doctor Cavero como director del nosocomio y ya estaban los galenos Juan Carlos Patelli, Raúl Riccioppo, Hugo Kreiker y Eduardo Roteta.

Como colegas de aquellos años, Aurelia menciona a “la Tota Sequeira, Nelly Cardinale, Marta Cruz”; a las mucamas “Ermelinda Salaber, Marta Gago” y al ambulancista Luis García, “el único que había”.


Consultada respecto de si, dentro de su profesión, había algunas tareas que prefiriera a otras, la protagonista de la nota de Hendersonline por el Día de la Enfermera 2019 señala que le encanta tomar la presión, también estar en los partos; “pero en general, enfermería me gusta todo”. Lo que no le gusta, como nos debe pasar a todos, “es cuando me tratan mal, porque hay enfermos que son malos. Te insultan, te dicen cosas; les parece que uno es culpable porque están enfermos, o creen que uno les hace daño. Yo iba con la mejor voluntad de que se curaran. Y nos han tocado enfermos bravos, alcohólicos”.

 

Acto seguido pasa a relatar una anécdota relacionada con pacientes difíciles. Transcurrió durante una noche de la época en la que en ese turno no había más que una enfermera.


“Estaba loco de la bebida. Lo teníamos en una pieza, pero no podíamos encerrarlo con llave. Cuando se despertó empezó a salir por los pasillos, desnudo. Yo estaba sola, solita, porque acá trabajábamos solas de noche; no había mucama, nada. Entonces no sabía qué hacer y llamé a la policía. Vino un policía y se plantó en la puerta. Era lo único que pude hacer. Cuando eran las 4 - 5 de la mañana, le hice una inyección al paciente y el policía se fue, porque ya empezaban a llegar las compañeras del otro turno”, recuerda Aurelia Alvarez con respecto a un momento no grato que le tocó vivir en tantos años de profesión.

 

Anécdota 2: otro paciente, otra vez el alcohol y otra vez la policía

“Otra noche que también estaba sola había un hombre cuidando a la mamá que estaba internada. El hombre caminaba por los pasillos y en eso aparece XX (omitimos el nombre del vecino, ya fallecido), con una curda, a que le diéramos cama. Entonces le digo ‘no, no tengo cama’. Me dijo ‘que no me vas a dar…’. Y yo: ‘No, no te puedo dar cama, andá a dormir a tu casa’. Lo dejé y me fui para adentro. Y estaba la puerta que era de vidrio, y me la golpeaba. El hombre (que acompañaba a su madre) me decía: ‘Mire cómo golpea, le va a romper la puerta’. Entonces llamé a la policía. Y vino la policía en ese carro negro que tenía y se lo llevó. Después, cada vez que me veía me decía: ‘Esta me hizo llevar a la comisaría. No se olvidó jamás’ (risas).

 

No hay dos sin tres: otra anécdota, el mismo paciente, de nuevo la policía

“Otro día XX estaba internado en el hospital. Andaba muy bien, estaba con un tratamiento, no tomaba, nada. El doctor Galvagni hasta le había regalado un saco. Estaba Liliana Barrenou sirviéndoles la comida a los pacientes, cuando teníamos sala general, que estaban todas las camas juntas, y él empezó a decir malas palabras y a molestar a las otras personas que estaban ahí; dele decir malas palabras y groserías. Le digo a Liliana: ‘Llamen a la policía porque acá está XX diciéndonos cosas, no se puede estar, es una vergüenza”. Bueno, llamamos a la policía. Cuando llegó la policía se acostó y se hizo el dormido… Se lo llevaron igual’”.   



Momentos tristes

La enfermera Aurelia Alvarez recuerda dos episodios que fueron panes amargos en las dos décadas que desempeñó su labor en el nosocomio local. Ambos, claro tuvieron como denominador común a la muerte.

Uno de los hechos se cobró la vida de un joven en la pileta del Club Unión Deportiva. La persona que se ahogó era de Bahía Blanca y estaba transitoriamente trabajando en nuestro pueblo. El otro fue cuando un vecino mató a puñaladas a su esposa e hirió a la hija.

 

Notables cambios para bien en el hospital


La invitada de Hendersonline para saludar a través de ella a todas las enfermeras y enfermeros en su día marca un cambio muy pronunciado en el hospital Saverio Galvagni desde que ingresó a trabajar hasta que dejó de hacerlo en cuanto a infraestructura, mayor cantidad de médicos especialistas y de personal en general, equipamiento, infraestructura, tecnología.

 

Papá Coco

Uno de los médicos con los que trabajó y recuerda con mucho cariño es Juan Carlos Patelli, a quien en el centro de salud municipal tanto enfemeras como mucamas llamaban "Papá Coco". Un poco explicando el porqué de esa denominación, Aurelia afirma que el doctor “era muy bueno porque defendía al personal y era muy bueno con los pacientes. También era muy justo”.

                                                                                                                                                                

Enfermera jubilada pero activa

Aurelia Alvarez trabajó en el hospital Saverio Galvagni hasta el 2001, cuando se jubiló. Pasaron unos años y retomó la vocación por la enfermería. Detalla que en la Asociación Jubilados y Pensionados de Hipólito Yrigoyen “hago controles, tomo presión, pulso, temperatura; curo lastimados, si van; hago inyecciones también”.
En el consultorio de la institución sita en calle España está de lunes a viernes de 9 a 11 horas.

 

 
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