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Andrés y Chenrry, dos ingenieros agrónomos que emigraron de Venezuela y viven en Henderson

30-11-2019 20:10 | 

Como millones de compatriotas abandonaron su tierra natal en busca de un mejor bienestar. Por ahora realizan tareas de tambo en estancia San Leonardo, hasta encontrar un trabajo donde puedan volcar los conocimientos adquiridos en la universidad. Uno es también maestro de reiki. No son los únicos venezolanos que se han radicado en nuestro pueblo.  Andrés y Chenrry recibieron a Hendersonline. Compartimos el mano a mano con los pana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Andrés Baralt (a la izquierda en la foto), de 36 años, vivía en Cagua, en el estado de Aragua, y Chenrry Aquino, de 33, en Maracay, en el mismo estado. Para llegar de una ciudad a otra se tarda unos 20 minutos en auto.

Ambos se conocieron en Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG), ubicada en San Juan de los Morros, capital del estado de Guaico. En la casa de altos estudios se graduaron en 2010: Andrés, de ingeniero agrónomo en producción vegetal, y Chenrry, de ingeniero agrónomo en producción animal.

Una vez recibidos, cada uno volvió a su ciudad, pero se mantuvo entre ellos la relación de amistad surgida en los años de estudiantes universitarios.


Después de obtener el título de ingeniero, Andrés trabajó tres años en el Instituto de Investigaciones Agrícolas (IDEA), en el laboratorio de fitopatología. Luego estuvo como empleado en el Banco Mercantil. Y posteriormente, hasta que decidió emigrar de su país de origen, en Hacienda Santa Teresa.

La decisión de abandonar su tierra natal la venía evaluando desde el año 2016 junto a su esposa, María Antonieta Araujo, a raíz de la crisis social que ya venía atravesando Venezuela, pero el detonante fue la pérdida del bebé que había tenido la pareja, deceso que Andrés atribuye a una negligencia médica.
 

Por su parte, luego del paso por la universidad, Chenrry trabajó en Alconca, una empresa dedicada a la producción de alimentos balanceados para animales monogástricos (no tienen el aparato digestivo llamado rumen. Ejemplos: aves, porcinos, equinos) y poligástricos (tienen el aparato digestivo rumen: bovinos, ovinos y caprinos). También estuvo empleado en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA). En este organismo del Estado venezolano, el ingeniero estuvo siete años, hasta que decidió acompañar a Andrés a buscar nuevos horizontes.

Con respecto a los motivos que lo inclinaron a aceptar la propuesta de su amigo de tomar un avión con destino a nuestro país, Chenrry afirma que la principal razón fue el poder adquisitivo que tenía en su tierra natal, el cual no satisfacía las necesidades básicas suyas y las de Santiago, su hijo de 7 años recién cumplidos. Otras causas que marca como importantes para no dudar en emprender el vuelo son: “Medicamentos, alimentos, asistencia médica, transporte, seguridad, entre otras, que estaban ausentes en su totalidad”.


Los ingenieros coinciden en señalar que  en los últimos tres años han emigrado más de cinco millones de habitantes de Venezuela, y que la mayor parte de esa gran cantidad está distribuida en Chile y Perú.


Andrés y Chenrry llegaron a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 14 de febrero de 2019. Desde su país natal viajaron sabiendo que iban a comenzar a trabajar en suelo argentino a las pocas horas de que bajaran del avión.

Tomás Gortari fue a buscarlos al aeropuerto de Ezeiza y al otro día ya estaban en los tambos de la estancia San Leonardo realizando tareas relacionadas con el ordeñe. El productor agropecuario también ayudó a los amigos venezolanos en los trámites para lograr la ciudadanía argentina, en principio por dos años.


Acerca de cómo se dio la posibilidad de llegar a Argentina, Andrés cuenta a Hendersonline que fue a través de otro compañero de universidad que tomó conocimiento de que en el mencionado establecimiento rural necesitaban personal. Eso fue a mediados de 2018.


En el final de la charla, que incluyó un almuerzo con comida al peso de El Resorte, donde los amigos realizan buena parte de sus compras, Chenrry ya se había retirado de la casa que con su amigo alquila en calle 1° de Mayo porque en el tambo se trabajaba también los domingos. Entonces, acerca de la adaptación en Henderson se refirió solamente Andrés.
 

Haciendo una comparación con el lugar geográfico donde vivía en Venezuela, el ingeniero agrónomo en producción vegetal destaca que nuestro pueblo es más tranquilo, más limpio, más ordenado, más seguro. Y la gente, más amable en general. Como contrapartida, una característica que parece ha podido percibir y no resalta positivamente es “el chisme”.

Para sostener su afirmación cuenta una anécdota: el primer día que estaban en Henderson los paró la policía para pedirles documentos. Cuando se los mostraron, un policía miró los datos personales y les dijo: “Ah, ustedes son los venezolanos, ya sabíamos que iban a venir”.
 

En cuanto a algunos vocablos que han tenido que incorporar para poder entenderse mejor en el trato cotidiano menciona a remera (franela en Venezuela), jogging (mono), che (tú). Además indica que el “por favor es inexistente”. Y una costumbre a la que no estaba acostumbrado: el saludo con un beso entre varones. Por el contrario, en relación con el idioma, ellos pronuncian ciertas palabras que aquí no son tan conocidas; un ejemplo es pana, que en su país natal, al igual que en Ecuador, Puerto Rico y República Dominicana, según la Real Academia Española significa "amigo, camarada, compinche".

 

Amén de trabajar en el tambo mientras aguarda la oportunidad de poder desempeñar tareas para las que su título universitario lo habilita, Andrés Baralt toma clases de inglés por internet y es maestro de reiki: da cursos, sesiones terapéuticas y sanación. Justamente no fue a trabajar ese día porque lo había elegido como franco para dar la parte de un curso a dos vecinas. Así que quienes deseen adquirir conocimientos y/o concurrir a alguna sesión pueden contactarse al teléfono 2314 579769.

 

Además  de Andrés y Chenrry, en Henderson viven María Alejandra Araujo, enfermera de 28 años, y Glen González, su esposo, paramédico de 26, quienes vinieron en agosto. Ella es hermana de María Antonieta Araujo, esposa de Andrés. La pareja trabaja en residencia San Lucas y por cuestiones precisamente de horarios laborales no se pudo coordinar para que los cuatro estuviesen juntos en el encuentro con Hendersonline.

Por otro lado, luego nos enteramos de que otra familia coterránea de ellos, aunque no la conocen, también se ha radicado entre nosotros. Y familiares directos de los protagonistas de la nota llegaron en las últimas horas para engrosar el número de venezolanos en Henderson. Los últimos en venir fueron la madre, hermana y hermano de Glen, quienes además trajeron a Coco, el perro.

 

 
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