Hendersonense comparte su experiencia laboral en un hospital de La Plata en tiempos de coronavirus
30-03-2020 23:57 |
Tiene 25 años y está radicado en la capital provincial. En poco más de un mes será padre por primera vez, cuando Simón llegue al mundo. Nicolás Hoyos se contactó con Hendersonline movilizado por la pandemia del coronavirus y sorprendido de leer en este portal que en nuestro pueblo haya personas aprehendidas por no respetar la cuarentena. Compartimos el testimonio del vecino que trabaja en el hospital Italiano y que tiene entre sus planes volver a afincarse en la tierra que lo vio nacer y crecer.
Nicolás Hoyos cuenta a Hendersonline que empezó a trabajar en el hospital Italiano de La Plata en el año 2013, como contratista, y que en 2017 lo pasaron a planta permanente. Acerca de su tarea detalla: “Estoy en la parte de mantenimiento eléctrico/electrónico y equipamiento médico. Somos tres en el turno: un plomero, un electricista y un herrero. Cuando falta el plomero hago plomería, al igual que cuando falto yo, el plomero hace electricidad; todos hacemos de todo”.
“Estudié refrigeración y el hospital me paga cursos en Buenos Aires de electricidad y equipamiento médico. El hospital se encarga de prepararnos con cursos, charlas, etcétera. Cualquier cosa que pase en el hospital estamos preparados para solucionarla”, explica el hendersonense radicado en la ciudad fundada por Dardo Rocha.
La esposa de Nicolás, María Eugenia Celestino, también desempeña su actividad laboral en el reconocido centro de salud ubicado en avenida 51 entre 29 y 30. “Ella es licenciada en nutrición. Con su equipo están a cargo del servicio de alimentación del hospital, donde se producen las comidas que reciben tanto los pacientes como el personal. Además se encargan de ver a todos los pacientes internados, evaluar el estado nutricional con el que ingresan y adaptar la dieta a lo que necesita cada uno, o darle suplementos o alimentación por sonda en caso de que lo necesiten; además de realizar trabajos de investigación y capacitaciones al personal”, afirma el cónyuge. Y añade: “Pero está de licencia, es una persona de riesgo”.
El último textual del coterráneo está relacionado con el coronavirus, disparador éste que lo motivó a contactarse con Hendersonline tras llamarle la atención leer que en nuestro pueblo haya personas aprehendidas por no cumplir el aislamiento social, preventivo y obligatorio impuesto como una de las medidas preventivas para evitar la propagación del COVID-19.
Adentrándonos entonces en el tema de la pandemia, Nicolás indica que en el hospital Italiano “contamos con 38 respiradores y 298 camas. Estuvimos trabajando muy duro para preparar habitaciones de los posibles casos de COVID. Hasta el momento tenemos 10 respiradores disponibles y 19 camas por las dudas que lleguen pacientes graves; las demás las ocupa gente con otros problemas. A los que tienen sospecha (hoy son cinco) los llevan a habitaciones comunes hasta que mandan a analizar el hisopado. Es un hospital y no lo pueden cerrar exclusivamente para pacientes con esta enfermedad. En el hospital tenemos una iglesia, la cual también la estamos preparando con camas, respiradores, bombas de infusión y tubos de oxígeno”.
Consultado sobre qué modificaciones tuvo en su labor cotidiana a raíz del coronavirus, el encargado de mantenimiento asevera: “El sistema cambió al ciento por ciento. Los protocolos son totalmente distintos. Cuando entramos a alguna habitación donde se encuentra una persona con sospecha de COVID (digo sospecha cuando tiene síntomas y está esperando los resultados) lo hacemos con trajes especiales, guantes, barbijo, botas, mameluco y antiparras”. En tal sentido agrega que “se hace casi imposible trabajar así. El sábado 28 tuve que entrar a una habitación porque se había roto la tecla de la luz principal. Cuando estaba trabajando en ella se me empañaban las antiparras; cuando estaba ajustando el tornillo perforé un cable y se cortó toda la luz del piso. Es difícil trabajar así, pero son los elementos para protegernos de este maldito virus”.
Nicolás dice además: “Yo amo lo que hago. Ser electricista es muy fácil para la persona que se dedica a esto, pero cuando tenés que entrar a una sala de quirófano cuando están operando o a terapia y tener al paciente ahí, prácticamente arriba tuyo, no es lo mismo. Ni hablar cuando entro a las habitaciones con pacientes sospechosos de COVID. Ahí es distinto: sabés que si cometés un error de rascarte o llevarte la mano donde no debes podés infectarte”.
Para finalizar, centrándose en la situación del coronavirus, no duda en señalar que “asusta un montón estar todo el día en un sector donde estoy en contacto constantemente cuando se rompe algo en alguna habitación de los sospechosos de COVID y no saber si estoy llevando el virus a mi casa, donde me está esperando mi mujer, embarazada de siete meses y medio. Yo trabajo de 13 a 21, vivo a cuatro cuadras del hospital; salgo justo cuando los vecinos salen a las ventanas para aplaudir, paso en bicicleta aplaudiendo camino a casa y te puedo asegurar que se me caen las lágrimas”.
Por último, Nicolás Hoyos expresa el deseo de volver a radicarse en su pueblo natal: “Nuestro sueño es irnos a vivir a mi Henderson querido. Ojalá se dé algún día. Me gustaría mucho trabajar en el hospital de allá y hacer lo que hago acá, que es lo que amo hacer”.