Carnaval: cuando los reyes momos y las carrozas marcaban la diferencia en los corsos
15-02-2021 10:36 |
Muchas celebraciones, costumbres, actividades han ido cambiando con el paso del tiempo. Los carnavales, no son la excepción, y dentro de ellos, los corsos. En esas noches de fiestas populares, donde abundaba la espuma y no faltaban los globitos Bombucha, sobresalían en las calles céntricas de Henderson muñecos y carruajes, que acaparaban la admiración de las numerosas personas que concurrían a divertirse sanamente y en familia. Con un dejo de nostalgia volvemos a compartir en este feriado de carnaval una nota que Hendersonline realizó años atrás a Sebastián Meliton Amengual (foto 1), el creador de los reyes momos y de muchas carrozas en nuestro pueblo.
En el currículum de Sebastián Milton Amengual figuran, entre otros datos, que cursó sus estudios primarios en la escuela nº 22 (hoy la nº 1) y cinco años de trabajo en la imprenta de Ramón Más. Ya por esos años lo había ganado el espíritu inventor: “Yo estaba en la imprenta y me iba al baño a hacer dibujos porque quería inventar el motor a nafta”. También estudió radio por correspondencia; fue radioaficionado y tuvo un aparato transmisor. Posteriormente trabajó veinte años en la usina local y luego fue jefe de distrito.
Pero lo que nos convoca en esta nota es el talento de este vecino para crear reyes momos, carrozas y otros disfraces que ponían calor y color a los corsos de nuestro pueblo en décadas pasadas.
Don Amengual contó a Hendersonline que sus conocimientos para más tarde crear las figuras animadas gigantes los fue aprendiendo de chico, cuando vivía en el campo, a través de las explicaciones de su padre.
A él ya le venía rondando en la cabeza la idea de armar unos muñecos que tocaran el acordeón y el violín. Por ello, cuando Titino Huala y Néstor Villanueva le comentaron que estaban formando una comisión para organizar unos carnavales regionales y le preguntaron si se animaba a inventar un rey momo, contestó enseguida que sí y comenzó a elaborar sus primeras creaciones.
El vecino explicó que para la construcción del cuerpo de sus criaturas utilizaba maderitas finas y alambre de aluminio, además de papel y engrudo. En cuanto a los ojos, los hacía con dos pelotas blancas, cortadas.
“A la cabeza la hacía girar para un lado y para el otro. Miraba para todos lados. Tenía todos los movimientos de un ser humano. Cuando pasaba una mujer, el muñeco le guiñaba un ojo”, relató Amengual.
Sobre la ropa de los momos recordó que “me la hacían unas mujeres que cosían”. Entre ellas mencionó a Aurora Tamborenea, Vilma Moldovián y Pipa Jaimarena.
A los movimientos expresó que los generaba con electroimanes, a través de un teclado. El iba en el interior de una camioneta Estanciera, color azul, llevaba un micrófono y hablaba; entonces le hacía los movimientos de la boca, para dar la sensación de que el que hablaba era el muñeco.
Uno de los reyes momos tenía barba y fumaba. Cuando largaba la pitada se prendía un foquito que simulaba la brasa del pucho, y el humo lo lograba con un ahumador de apicultor. Este tenía una manguera que iba por dentro del cuerpo y salía por la boca del muñeco. Después lo fue avejentando, a medida que pasaban los años; le hacía la voz mas ronca y lo hacía toser.
Otro tocaba el bandoneón. “Las canciones las había grabado el panadero Di Pietro, el padre, y las pasaba en un grabador que me había prestado Barritos, el que trabajaba en la usina”, explicó Amengual.
Sobre cómo lograba que el muñeco tocara el fuelle, indicó: “Agarré un bombeador de esos que se usan para extraer agua y le puse un motorcito. Con eso hacía que abriera las piernas y abriera y cerrara el bandoneón. Entonces, con una resistencia que le había hecho para que acelerara el motor, por ahí, cuando tocaba una pieza más ligera, le daba más velocidad al motor. Daba una sensación linda, porque parecía que tocaba él”.
En la Estanciera, Amengual se encargaba de estar atento a todos los detalles para que sus creaciones desfilaran por las calles del corso con todo bajo control. Al mando del vehículo tuvo distintos pilotos. Entre ellos recuerda a Jaime Ledesma, el “Flaco” Feito, el “Zurdo” Carbone y Barrera.
Sebastián Meliton dijo que en esa época el momo llamaba la atención porque “no se veía un muñeco que tuviera movimientos. Estaba el Topo Gigio, que se veía por televisión. Entonces en esas épocas, este muñeco que tenía movimientos llamaba mucho la atención. Además la juventud tenía una inocencia que no tiene ahora”.
Por amor al arte
Nunca cobró por la construcción de los muñecos. Sólo le daban el dinero para comprar los materiales, aunque nunca le alcanzaba y terminaba poniendo de su bolsillo. Pero no reniega de eso, al contrario, aún se le infla el pecho por los primeros premios recibidos por sus criaturas, entre los que se cuentan algunas medallas de oro. Lo suyo siempre fue vocacional, por amor al arte, nunca le interesó el dinero en ese sentido.
Construcción de carrozas
Además de los famosos reyes momos, el hombre también creó carrozas y otros disfraces, como un caracol gigante, con el que ganó el primer premio en los corsos de Bolívar.
Por otro lado, fuera de los trabajos para las fiestas carnestolendas, tiene en su haber artesanías hechas con distintos materiales y ha realizado diversos dibujos.
También escenógrafo
Sebastián Amengual dijo que empezó a realizar escenografías para los bailes de egresados porque se lo habían propuesto más de una vez, hasta que un día decidió aceptar. Así, por varios años, los alumnos de quinto de los establecimientos secundarios tuvieron el privilegio de hacer su presentación en el salón grande de la Sociedad Española saliendo del interior de ostras, platos voladores y otros decorados.
Con ganas de exhibir una nueva creación
Sebastián Meliton Amengual expresó a Hendersonline que un par de años atrás estuvo a punto de ir a hablar para dar forma a una nueva creación y exponerla en el festival Henderson Canta. Luego desistió de hacerlo, pero no archivó totalmente la idea y dejó la puerta abierta a plasmarla en otra oportunidad. Así lo contó: “Tenía ganas de hacer un matungo, un paisano y un rancho. Al estilo Molina Campos. El paisano con el caballo en movimiento. Por ahí el caballo toma agua de una pileta. Y en el corredor del rancho gente bailando. En ese momento tenía ganas de pedirles para hacerlo en el Henderson Canta. Por ahí también puede ser para el invierno, cuando uno está más tiempo adentro; total algo de lugar tengo". Por lo que se ve, el hombre sigue con el entusiasmo de siempre.
Ojalá esta nota, además de hacer recordar y añorar a muchas personas noches de alegría en nuestro pueblo, pueda aportar un granito de arena para que en algún momento esas mismas personas vuelvan a disfrutar del talento de este vecino, y para que puedan hacerlo por primera vez aquellas otras que en esos tiempos aún no habían nacido.
La precedente nota fue publicada por primera vez el 12 de febrero de 2013