Esta institución tuvo su origen en la Unión de Empleados de Comercio, creada en 1921, la que además de sus actividades gremiales, ávida de conocimientos y de darles la posibilidad a otros vecinos de tener acceso a los libros, algo no muy común en aquellos primeros años, fundó, el 14 de junio de 1922, una biblioteca pública.
Su primera comisión directiva estuvo integrada por las siguientes personas: como presidente, Octavio Rodríguez; secretario, Juan Coscia; prosecretario, Vicente Falcione; tesorero, Antonio Muñoz; protesorero, Teodoro La Iglesia; vocales, Aurelio Pinedo, Francisco Bosch, Manuel Valverde, Félix Crespo, Eduardo Méndez y Manuel González Ruiz.
Dispuestos a compenetrar al vecindario de la importancia en el progreso que tiene una biblioteca, sus socios, que al inicio sumaban 49, se organizaron para oficiar de bibliotecarios, durante dos horas los miércoles, viernes y domingos, en forma desinteresada.
De todos modos, y dado el carácter gremial de la institución a la que pertenecía, el número de lectores era limitado, pese a que se dieron facilidades para que fuera accesible a todos. Es por eso que en 1933, ya en forma independiente de la Unión de Empleados de Comercio, se transformó en biblioteca popular Almafuerte, siendo su primer presidente bajo la nueva denominación el señor Anselmo Aris Estrada.
Allí se llevaron a la práctica, entre otras actividades, conferencias de divulgación científica sobre profilaxis social, que estuvieron a cargo de los médicos Saverio Galvagni (padre) y Gilberto Urcelay; cursos vocacionales; y clases de francés, a cargo de la señorita Ida Fontana. También se dictaron clases a analfabetos y semianalfabetos, ya que por entonces era mucho lo que quedaba por hacer en materia educativa.
Accidentada y ardua fue la labor de quienes estuvieron al frente de la Unión de Empleados de Comercio, ya que en los inicios de esta empresa no tuvieron tal vez todo le apoyo necesario; pero, en virtud del entusiasmo e inteligencia de sus fundadores, que en muchos casos afrontaron de su bolsillo gastos para que la causa de los libros no se clausurase, crearon el basamento que perduró a través de los años, dando un invalorable servicio a la comunidad y convirtiéndose hoy en orgullo de nuestro pueblo.
Foto ilustrativa: interior de la biblioteca al poco tiempo de su fundación.
JOL