Continuando con comentarios anteriores, haremos referencia a las tiendas que se caracterizaban por su esmerada atención, además de los obsequios y premios que daban a sus clientes.
Haremos especial referencia a El Gaucho, instalada el 21 de diciembre de 1921 por Sirera Carranza y Cia., en la esquina de Florida y Rivadavia, para luego trasladarse media cuadra sobre Florida, y que en la actualidad, 89 años después, continúa con sus puertas abiertas, en manos de Alberto Alfonso y Nicolás Martínez, empleados históricos de quien fue propietario durante gran parte del siglo pasado, don Andrés Hernández.
También recordamos a La Florida, abierta en 1924 por don Félix de San Andrés Crespo y que continuó hasta mediados de los ´80 en manos de uno de sus hijos.
En 1924 se instaló Casa Galli, sucursal que junto a otras distribuidas en todo el país constituían una potencia en el ramo.
La Americana, de don Marcelino Amo, se instaló en 1925, con el lema de “hacer de cada cliente un amigo”.
En marzo de 1924 llegó la firma Borrego y Pacho con La Imperial.
También existieron otras, como Los Gauchitos, de Juan Rigada, desde 1919, y Hosein Nasiff, de 1936.
En peluquerías, el señor Anacleto Pérez, integrante de una de las familias fundadoras, se instaló en 1926.
En 1930, La Ideal, del señor Neamen El Ali.
En 1934, Nobleza, de Moisés Cid, y en 1936 los los señores Eduardo Cabral y Gabino Damiano.
Para damas, la por entonces señorita Sara Garrido abrió El chic femenil; las señoritas Acosta Rey hicieron lo propio con peluquería La Florida; y también desarrollaban esta actividad las hermanas Martha y Francisca Montero.
Lo que resultaba toda una novedad para la época era la peluquería para ambos sexos Comercio, del señor Justo Molinas y su esposa, Angela Gazotti, quien atendía a las damas en un moderno reservado.
También el señor Anastasio Salvador y su esposa, Agustina Velasco, tenían un comercio similar.
En 1927 confitería Sarmiento, propiedad de Lagos Hermanos, y posteriormente de Antonio Noceda, era uno de los lugares elegantes y confortables a los que concurrían los vecinos, ya que además de bar, billares y confitería familiar, ofrecía biógrafo, donde se proyectaban películas, todavía mudas, constituyéndose en el primer lugar del pueblo donde se dio cine públicamente.
Confitería Cardus era otra establecida en los primeros tiempos, que contaba con una “selecta clientela”, según anunciaban los diarios de la época.
JOL
Foto ilustrativa: publicidad de 1927 de confitería Sarmiento, precursora del cine en Henderson.