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La anécdota de hoy: el gran DT Cocoon y un pedido muy particular 11-12-2010 03:07 |
Esta semana les acercamos una anécdota que tuvo lugar hace unos cuantos años en el Centro de Estudiantes Universitarios de Henderson y que tiene como protagonistas a dos integrantes del equipo de fútbol de la institución: el entrenador y un destacado defensor. Pasen y lean El CEUH participaba un año más del campeonato de fútbol intercentros. Fiel al lema "los jugadores pasan pero el técnico queda", había renovado la confianza en Plácido Cocoon para que dirigiera por vigésima temporada consecutiva al conjunto de calle 48 de la ciudad de La Plata.
Pasadas varias fechas el equipo no aparecía. A decir del entrenador, había dos razones para ello: la falta de fogueo internacional y el insólito horario de los partidos -domingos al mediodía-, que impedía con frecuencia aunar once voluntades -incluida la suya-.
Pero ese año, 1991, el DT tenía la plena certeza de que su escuadra iba a superar la performance alcanzada en el torneo anterior; estaba convencido de que no bajaba del décimo puesto. Y esa seguridad no basaba su fundamento en que el año en cuestión era capicúa -Cocoon es muy cabulero-, sino en el refuerzo de primer nivel que había logrado para esa temporada.
El Ucraniano -de él se trata-, era un jugador -usamos tiempo pasado porque, si bien sigue demostrando sus condiciones dentro de los potreros, hoy en día está abocado más al pedal que a la redonda- que tenía la rudeza del Tano Pernía, la rapidez del Pájaro Caniggia, el despliegue del Tiburón Serrizuela y la pegada de Blas Armando Giunta -la pegada no a la pelota sino a los rivales, se entiende-.
Eran las 10 del domingo y el técnico -ubicado estratégicamente en la cabecera de la mesa de la cocina, con el pizarrón detrás- tenía parados en ronda a sus futbolistas. Buen trabajo le había costado lograr eso, pues desde las 8 de la mañana había hecho sonar una y mil veces el silbato, subiendo y bajando la escalera de la casa, para levantar a la tropa.
Mientras la olla grande iba poniendo a punto los fideos blancos que ingeriría el plantel, Plácido Cocoon hacía lo propio con sus dirigidos. A medida que anotaba en la pizarra el nombre de cada jugador, le daba a éste las indicaciones precisas de lo que tenía que hacer dentro del campo de juego.
Así, uno a uno, delanteros, volantes y defensores iban recibiendo las instrucciones del gran DT. Sí, ésa era su característica distintiva: armar el equipo de adelante hacia atrás. Salvo el arquero, al que arengaba primero.
Cuando a Cocoon aún le faltaba escribir los nombres de dos defensores, hete aquí la sorpresa: en cuerpo y alma solamente le quedaba uno, el Ucraniano. Es decir que ese día no sólo iba a contar con suplentes, sino que ni siquiera podría completar la formación titular; otra vez tendría que jugar con uno menos.
Entonces, viejo zorro, el entrenador dirigió la mirada y la voz a la nueva adquisición; empezó a elogiarle y, al mismo tiempo, pedirle las mismas cosas: garra, temperamento, ida y vuelta, llegada al arco contrario, juego limpio, voz de mando en el fondo y, sobre todo, despliegue de un lateral a otro.
El Ucraniano, un poco desorientado por las exigencias disfrazadas de halagos, y un poco asustado por ser nuevito en el plantel, se animó a preguntarle al DT: “Perdón, pero ¿en qué puesto juego al final?”.
Plácido Cocoon, muy convencido y evitando el tuteo, para marcar distancia y respeto, le respondió: “Usted… usted va a jugar de 3… y de 4…”.
Esta anécdota fue enviada por Ariel Del Sur
Hasta la próxima semana, con una nueva anécdota. Y recuerden que están invitados a enviarnos las suyas. Ya saben, si es graciosa, mejor. Tienen que escribir a info@hendersonline.com.ar
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