El predio está ubicado a poco más de dos kilómetros del casco urbano, camino a María Lucila. En el mismo lugar se encuentran la planta de reciclaje municipal y las piletas de purificación del agua de cloacas.
Los animales se encuentran muy cerca de las montañas de residuos, que cada día aumentan su volumen. Escasean los árboles y los perros necesitarían de más refugios que proporcionen sombra. Cuentan con pequeñas casitas, hechas con blocks y chapas como techo, de un metro de alto y dos de ancho. Cada una de ellas en este momento aloja hasta tres o cuatro canes, pero en épocas en que el número de animales encerrado superaba los 50, estos espacios debían ser compartidos entre más perros.
Alrededor de 20 animales son alimentados a diario con trozos de carne o de pollo que son donados por un supermercado local, y en algunas oportunidades también se les suministra alimento balanceado. Pero esta comida muchas veces sufre procesos de descomposición, ya sea por estar expuesta a la intemperie o por algún otro factor, al igual que el agua que se les suministra para beber, que en la mayoría de los contenedores, durante la visita de este medio, no estaba del todo limpia.