Insistían los profesores de la época en la importancia que tenía el resumen y el poder de síntesis para estudiar de la mejor manera y extrayendo lo sustancial de textos que en ocasiones eran de una considerable extensión.
De allí que algunos parece que comenzaron a abusar de las síntesis. Aquel muchacho del turno tarde al que apodaban como su padre, con el mote de un extranjero venido de Europa, le hizo honor al apodo vinculado muchas veces a la geometría hispana (es demasiado decir gallego cuadrado, como suele catalogarse desde el inocente cinismo adolescente).
Bueno, el hecho es que al muchacho le pareció largo el preámbulo de la Constitución, pedido como lección para la próxima clase de aquella materia que por entonces se llamaba Instrucción Cívica. Y arrancó en la lección oral salteando aquello de “Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina reunido en Congreso Nacional Constituyente”. Y como esas oraciones, evitó otras varias, resumiendo a la mínima expresión el preámbulo de la Constitución. El dicho quedó instalado por mucho tiempo en el Nacional como "hacete un resumen como el de…”.
Al autor no le faltaron explicaciones: “Me pareció que había partes que no eran importantes; aparte, siempre dicen que hay que resumir”, cuentan que le dijo a la atónita profesora.